Aldo Santos
Idalgo Palomino y James Cuba son dos jóvenes de su tiempo y disfrutan escuchando a la aclamada Clavelina de los Andes y a Los gentiles, así lo hacen notar mientras tararean las canciones de la radio. Ellos, como muchos otros jóvenes, padecen las consecuencias de oportunidades negadas, las restricciones del sistema educativo y la limitada presencia estatal en sus comunidades, aunque ello parezca importarles poco cuando de oír a sus referentes musicales se trata.
Empacaron, se montaron en motocicletas y caminaron durante seis horas a través de escarpadas montañas para llegar al borde de la carretera y esperar a que alguna unidad de transporte pueda acercarlos a su destino. Han salido de casa para buscar trabajo me dicen. Hoy la elegida es la empresa concesionaria que asfalta la carretera Interoceánica Sur, ayer fue Huepetuhe, un centro minero ilegal ubicado en Madre de Dios.
“Ojalá que nos acepten, hemos venido a probar suerte” dice un desconfiado Idalgo que parece el más curtido en este tipo de hazañas. “¿Cómo está la cosa en Huepetuhe, dicen que es bravo?”, pregunta James y les advierto de los peligros que se corren en aquel lugar, aún sabiendo que mis advertencias serán poco relevantes cuando eventualmente ellos tomen la decisión de ir a buscar trabajo a algún centro minero ilegal en la Amazonía sur del Perú.
Ambos nacieron en Icaco, un pequeño centro poblado ubicado en las nacientes de la selva de la provincia de Carabaya en Puno, “es bonito, ven a visitar cuando quieras”, reitera James, quien trata de graficar otros aspectos que hacen maravilloso Icaco, Ayapata e Ituata, lejos de la notoriedad que han adquirido los últimos años, por albergar a los centros de minería ilegal en los que se han producido las tragedias más mediáticas.
Más de treinta muertes producto de dos deslizamientos de lodo o enfrentamientos armados han hecho célebres a los distritos de Ituata y Ayapata, tomados hoy por oscuros intereses que tienen entre sus implicados a un polémico alcalde distrital y a un congresista de la República. Tragedias que seguramente tienen como víctimas a jóvenes que como James o Idalgo, encuentran en la minería y la ilegalidad, una alternativa para llenar el vacío que deja la necesidad.
Y es que la necesidad es el alimento perfecto para la codicia de “los varones del oro”, cuyo afán ha encontrado en las inhóspitas montañas que rodean Ayapata, Ituata, Huepetuhe, Limonchayoc o Masiapo, lugares fértiles o “económicamente rentables”, lejos de la presencia estatal y terciando cualquier asomo de formalidad.
Un escenario cotidiano y al que probablemente nos hemos adaptado, para recordarnos que aquellos lugares como, Playa Azul, Balcón de Oro o Corimayo eran parte de nuestro país y nuestra región y que una vez más llaman la atención por tragedias en las que la mano de obra barata de hombres y mujeres vuelve a ser la principal víctima.
Los próximos días, la noticia de que el último lunes 29 de marzo doce personas de un campamento minero fueron sepultadas por un alud, continuarán en la agenda noticiosa, pero lamentablemente muy pronto olvidaremos a quienes como James o Idalgo, trabajan como carne de cañón día a día en tantos otros centros de minería ilegal.
Publicado en en diario Los Andes
Este es un espacio dedicado a mostrar reflexiones y pareceres personales en torno a diferentes temas de interés colectivo; dedicado al pensamiento libre y a la búsqueda de alternativas para hacer de nuestro país y nuestra América Latina un lugar cada vez más al alcance de los seres humanos. Un espacio contrario a cualquier sistema opresor e injusto que limite la libertad del hombre y su capacidad de racionalidad e historicidad.
jueves, septiembre 09, 2010
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