domingo, septiembre 12, 2010

¿Juliaca la horrible?

Aldo Santos

La inmigración, el crecimiento no planificado y la informalidad, son los factores –aunque no los únicos- que contribuyen a que la ciudad de Juliaca esté sumida en una serie de problemas irresueltos, entre ellos el desorden que genera el transporte y el comercio informal, la inseguridad y las alarmantes tasas de contaminación, todo ello en medio de la bonanza económica que genera el intercambio comercial y la marcha de la industria local.

Juliaca sin duda es un importante polo de desarrollo económico, aunque no deja de llamarme la atención que en el Plan de Desarrollo Concertado aprobado por la comuna juliaqueña, resalte la visión de ser una “ciudad turística”, ya que Juliaca hace bastante tiempo opto por ser comercial y no precisamente turística.

Pero más allá de ello, el hecho de que los últimos días asistamos a un nuevo conflicto local en relación al alcalde de la Municipalidad Provincial de San Román, David Mamani Paricahua, me lleva a plantear algunos temas necesarios para entender lo que viene ocurriendo actualmente.

Los reclamos en contra del deficiente servicio de Seda Juliaca, la empresa prestadora de servicios de agua, tienen su correlato en que muchos de los hogares juliaqueños disponen de agua potable sólo durante dos horas al día entre las tres y cinco de la madrugada.

El problema no es sólo responsabilidad de la gestión actual sino que también pone en tela de juicio la capacidad de planificación que tiene la municipalidad, hecho que es necesario sabiendo que el crecimiento demográfico en dicha provincia se ha incrementado en los últimos años y la población crece día a día.

No obstante, resulta paradójico que la actual gestión edil haya priorizado la construcción del polémico “tobosaurio” o el asfaltado de calles dejando de lado, la cobertura de este elemental servicio como es el agua potable.

En una provincia en la que, que según el último censo del 2007, sólo el 46.43% accede al servicio de agua potable y en pésimas condiciones, me pregunto si esa no debiera ser prioridad, lejos de la construcción de parques o tobosaurios que, si bien pueden ser necesarios, dejan de ser importantes cuando de lo que se trata es de mejorar la calidad de vida de las (os) ciudadanas (os) juliaqueñas (os).

Resalto que estos hechos son contraproducentes en una ciudad en la que el crecimiento económico ha sido el principal factor para la explosión demográfica, una ciudad que se precia de ser comercial y haber alcanzado la prosperidad económica, la misma que se visibiliza en cada celebración de carnavales u otras festividades, pero que sin embargo no cuenta con servicios básicos como agua y desagüe, o son servicios de los que gozan sólo unos pocos.

He escuchado adjetivar a Juliaca de diversos modos como caótica, horrible, insegura, pero aún no conozco de propuestas programáticas que hagan de esta ciudad un lugar mejor para vivir. Imagino que los candidatos lo incluirán en su agenda para que los electores sepan elegir bajo esos criterios, porque finalmente cantidad de cosas, no significa necesariamente, calidad de vida.

Publicado en el diario Los Andes

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