Aldo Santos
¿Cómo explicar que en abril de 1992 el golpe de Fujimori contara con un abrumador respaldo de 95% y durante ese mismo mes el 73% de encuestados señalaba que la democracia era el mejor sistema de gobierno? Paradojas que revelan nuestra fragilidad democrática, pero sobre todo la fragilidad de nuestras “elites políticas”.
Es precisamente lo que Eduardo Dargent, pretende mostrar en un provocador texto en el que recorre las diversas experiencias de “democratización” en América Latina: Demócratas precarios. Élites y debilidad democrática en el Perú y América Latina, IEP, 2009.
El argumento central de Dargent reposa en el hecho de que “las élites de derecha e izquierda subordinan su compromiso con la democracia liberal a sus intereses de corto y mediano plazo. Por ello, cuando las élites de ambos lados del espectro político perciban que un gobierno con tendencias autoritarias está dispuesto a favorecer a sus intereses, traicionarán la democracia y apoyarán estas medidas autocráticas”.
Con la teoría de la democracia liberal el ensayo propone una tipificación para nuestras élites políticas como: “Demócratas precarios. Demócratas pues actuarán como verdaderos demócratas cuando se sientan débiles y los recursos de la democracia les sirvan para proteger sus intereses frente a gobiernos abusivos; precarios, pues abandonarán los valores democráticos cuando tengan poder y consideren que sus intereses pueden ser resguardados por medios no democráticos”.
En el texto se rebaten las interpretaciones que señalan que el autoritarismo reposa en nuestra herencia colonial y republicana, el actor central del análisis –señala- son las élites políticas a quienes se refiere como “ideológicamente pragmáticos, dispuestos a traicionar todo tipo de régimen político cuando ya no sirva a sus intereses”.
¿Acaso esa interpretación dista mucho del comportamiento de las clases políticas en el Perú y en otros países de Sudamérica? En esa lógica dedica varias partes del texto a la experiencia fujimorista y muestra como empresarios, intelectuales y políticos, abdicaron de la vocación democrática que hoy abanderan desde diferentes espacios.
Asimismo, se refiere críticamente a la experiencia de Ollanta Humala por su cercanía y adscripción a los nuevos liderazgos plebiscitarios que surgían en la región como Hugo Chávez y por lo que representaba como posibilidad de una vuelta a un régimen con tintes antidemocráticos. Le sorprende –como indica Dargent- “la forma acelerada en que se unieron a Humala algunos miembros de la izquierda peruana que poco antes criticaban al fujimorismo por autoritario”.
Un texto necesario, en el que se hace evidente que urge renovar la política y devolverle su sentido primigenio, a fin de consolidar la democracia y sus valores, lejos de apetitos e intereses personales, lejos de demócratas precarios.
Publicado en el diario Los Andes
Este es un espacio dedicado a mostrar reflexiones y pareceres personales en torno a diferentes temas de interés colectivo; dedicado al pensamiento libre y a la búsqueda de alternativas para hacer de nuestro país y nuestra América Latina un lugar cada vez más al alcance de los seres humanos. Un espacio contrario a cualquier sistema opresor e injusto que limite la libertad del hombre y su capacidad de racionalidad e historicidad.
domingo, septiembre 12, 2010
Entre demócratas precarios
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eduardo dargent
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