Aldo Santos
La cobertura mediática que ha tenido la liberación de la militante del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y la posición que comparte un sector de miraflorinos –incluido su alcalde- que piden la salida de Lori Berenson del distrito de Miraflores y solicitan su expulsión del país, me deja algunas interrogantes que creo necesario compartirlas, a fin de cotejar las lecciones que nos deja como ciudadanos.
Un primer aspecto es el referido a la forma como los medios se han apostado en las inmediaciones del departamento en el que vive, las transmisiones en vivo y una desproporcionada cobertura mediática que me remite, en parte, a la toma del local de la embajada japonesa en 1996; donde las(os) peruanas(os) y el mundo asistíamos, en vivo y en directo, a una suerte de noticia convertida en espectáculo, que mantenía cautiva a la audiencia.
Hoy, el departamento que alquiló Berenson, probablemente sea tan famoso como el local de la embajada japonesa tomado por los emerretistas. La prensa se ha apostado en las casas vecinas y merodea la zona a la espera de alguna manifestación de ella y su entorno y se convierte en palestra además de quienes aprovechan las cámaras y flashes para canalizar sus, temores, odios y rencores, más allá de que sean justificados o no.
Al observar todo ese espectáculo, me pregunto cuáles habrían sido las reacciones si Berenson tuviera como residencia algún distrito puneño como Orurillo o Pangoa en Junín –ambos afectados por la violencia política-. Para comenzar no estoy seguro si las reacciones de las(os) lugareña(os) habrían sido las mismas que las de algunas(os) miraflorinas(os) y lo segundo, si habrían tenido la cobertura mediática que ha tenido Miraflores.
Si siguiéramos la lógica de algunas(os) vecinas(os) de Berenson, se tendrían que hacer, vigilias también para exigir que delincuentes de alta peligrosidad, narcotraficantes, funcionarios y políticos corruptos, que estuvieron presos y hoy gozan de libertad abandonen los distritos en los que viven. Hasta donde tengo entendido, no he sabido de ninguna vigilia de los vecinos de José Enrique Crousillat, cuando fue injustamente indultado.
¿Una cosa es Crousillat y otra Berenson? Así es, una planificaba secuestros y promovía una guerra demencial y el otro vendía la línea editorial de su medio a la dictadura. Más allá de ello cabría preguntarse si ¿sólo expulsando y odiando a los terroristas lograremos vivir en paz?, ¿es que acaso no hay otras causas estructurales que permiten que estos grupos armados hayan tenido y tengan adeptos?, ¿cuál es el rol del Estado en este nuevo contexto de post-guerra interna?, ¿qué lecciones han aprendido y cómo deben actuar los medios de comunicación hoy?
Lo cierto es que, con la vorágine mediática que ha provocado Lori Berenson, nos olvidamos rápidamente de la necesidad de una discusión de fondo para responder a esas y otras interrogantes más que podrían ayudarnos (quizá), a superar como sociedad las heridas y temores que nos legó el conflicto armado interno en el país. Nos olvidamos además de los petroaudios y la corrupción en el Gobierno Aprista, para pasar a una especie de “reality show” cuyo desenlace seguramente conoceremos, en vivo y en directo, por cadena nacional.
Publicado en el diario Los Andes
Este es un espacio dedicado a mostrar reflexiones y pareceres personales en torno a diferentes temas de interés colectivo; dedicado al pensamiento libre y a la búsqueda de alternativas para hacer de nuestro país y nuestra América Latina un lugar cada vez más al alcance de los seres humanos. Un espacio contrario a cualquier sistema opresor e injusto que limite la libertad del hombre y su capacidad de racionalidad e historicidad.
domingo, septiembre 12, 2010
Berenson y los medios
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